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El pulsar observado por Spitzer, llamado 4U 0142+61, se halla a 13.000 años luz de distancia en la constelación Casiopea. Alguna vez fue una estrella grande y brillante, con una masa entre 10 y 20 veces la de nuestro Sol. La estrella probablemente sobrevivió unos 10 millones de años hasta que colapsó por su propio peso hace unos 100.000 años y luego se desintegró en una explosión de supernova.

Algunos de los escombros o “despojos” procedentes de la explosión se conformaron eventualmente en un disco, que hoy orbita los restos comprimidos de la estrella, o pulsar. El Spitzer pudo reconocer el tibio brillo del disco de polvo con sus “ojos” infrarrojos, sensibles al calor. El disco gira a una distancia cercana a 1,5 millones de kilómetros desde el centro de la estrella, y probablemente contiene cerca de 10 masas terrestres de material.

Los pulsares son una clase de remanentes de supernovas, llamados estrellas de neutrones, que son increíblemente densos. Tienen masas de 1,4 veces la del Sol, comprimidas en cuerpos de sólo 16 kilómetros de ancho. Una cucharadita del material que forma una estrella de neutrones puede pesar unos 2.000 millones de toneladas. El pulsar 4U 0142+61 es además un pulsar de rayos X, lo que significa que gira e irradia pulsos de rayos X.

Cualquier planeta que haya girado alrededor de estrellas que han terminado como pulsares fue probablemente incinerado cuando las estrellas estallaron. El disco del pulsar descubierto por el Spitzer podría representar el primer paso en la formación de un nuevo, más exótico tipo de sistema planetario, similar al encontrado por Wolszczan en 1992.

‘Es muy emocionante encontrar evidencia directa de que los escombros alrededor de un pulsar son capaces de organizarse en un disco. Este podría ser el principio de una segunda generación de planetas’, dice Wolszczan.